En 1970, un visionario estadounidense, bioquímico y
profesor de oncología, de nombre Van Renssenlaer Potter, utilizó por primera
vez en una publicación científica el término Bioética, razón por la cual ha
sido considerado el Padre de la Bioética, a la cual le atribuyó características
inequívocas vinculadas con su enfoque ambientalista.
A partir de esa fecha siguió construyendo su idea
sobre una acción humana que consideraba crucial, ante las perspectivas que se
perfilaban problemáticas en las relaciones del hombre con la naturaleza.
Sin embargo, ante un término tan sugestivo y dada la
necesidad de despertar el humanismo, a raíz de las experiencias sufridas por
las víctimas de la segunda guerra mundial, se conoció en el ámbito médico como
la máxima reflexión ética que el médico debe asumir ante el enfermo, y ante los
seres sometidos a estudios científicos, ya sean animales o humanos. De allí que
hoy la bioética tenga una inclinación muy severa hacia el mundo de la medicina
y la investigación biomédica, aún cuando en los documentos iniciales producidos
por la biomedicina el término no hubiese sido utilizado. Fue posteriormente,
cuando se da inicio al proceso multiplicador de tales documentos, cuando
definitivamente la medicina la asume para referirse al compromiso ético del
médico y del investigador.
La esencia de la idea potteriana constituía un gran
salto desde el enfoque antropocéntrico de la cultura occidental, hacia un
reconocimiento y respeto por la naturaleza, la cual percibía Potter en peligro,
ante los desmanes que la actividad humana hacía sobre el planeta.
No menos significativo lo fue en el ámbito biomédico,
poner en blanco y negro estipulaciones para el manejo de animales de
experimentación y reconocer los derechos a la vida, y el respeto por la
autonomía de cada ser humano sobre su propio destino.
Con horror fueron constatados los abusos a los que
sometieron los nazis a los judíos, en la aplicación de experimentos científicos
ni siquiera concebibles para ser realizados en animales. A partir de lo cual
surgieron documentos para regular la investigación en animales y con humanos.
No obstante, eventos como éste, también fueron registrados en otros lugares y
en otros tiempos, en los cuales se reportan abusos, engaños, y mala intención
de investigadores quienes excusados en la ciencia médica, sometieron a procesos
de enfermedad a poblaciones indefensas.
Tímidamente la bioética fue tomando espacio en las
universidades, centros de investigación, promociones de la UNESCO y otras
organizaciones mundiales que hasta llegó a ser considerado por los Estados, y
hoy muchos países cuentan con Comisiones de Bioética, con más o menos actividad;
los años comprendidos entre 1995 al 2002, se produjo un movimiento considerable
tanto en Europa como en América, en los cuales se reportaron muchos eventos
tipo Congresos, Talleres, y Conferencias, se crearon Maestrías, Cátedras
Libres, que dieron un impulso notable a un tema que mucho tiene de cambio
interno o personal.
Quien quiera saber lo que es bioética, debe saber de
inmediato que es un claro despertar de la conciencia, no una ley; es una
reflexión profunda, no una imposición; es una responsabilidad, no una
obediencia; es una decisión, no una norma más; es ética, no moral; es
autonomía, no heteronomía; es una percepción del mundo como unidad, no como
separación; en fin, una visión profunda de amor.
La bioética surge como expresión de una necesidad de
justicia inspirada en los destinos de la humanidad, y surge tardíamente, siglos
de horror precedieron a una generación que iluminó al mundo con su visión
ambientalista; hoy ya reposado el término, la bioética sigue siendo un clamor
ante el futuro, un clamor desde el planeta y desde la vida.
Estamos ya en tiempos sobrepasados, en tiempos
estrechos, ya deberíamos haber construido un camino de vida en el planeta, pero
los intereses personales siguen prevaleciendo sobre la visión bioética, ni qué
decir de contaminaciones y crímenes ambientales, de crímenes a la dignidad
humana y crímenes contra la inteligencia, el poder sobre la filosofía, el temor
sobre la conciencia, por eso éstos siguen siendo TIEMPOS DE BIOÉTICA
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